Stephen Hawking es, sin duda alguna, una de las mentes más privilegiadas de nuestra época. Más allá de sus importantes aportes al mundo de la física y del origen del universo, la suya es una historia que tiene tintes de leyenda.

 

 

El 7 de enero de 2016, Stephen Hawking dio una conferencia en la Royal Society. Su contenido fue difundido hace poco en Internet. A diferencia de lo que muchos pudieran pensar, el tema central de su intervención no fueron los misterios del Big-Bang, ni de la luz o el espacio. Hawking decidió hablar a las personas con depresión y otros problemas emocionales.

 

Su mensaje tiene un enorme valor. No solo porque proviene de uno de los cerebros más lúcidos de nuestro tiempo, sino principalmente porque él mismo es un ejemplo. Ha vivido una vida mucho más difícil que la del promedio. Sin embargo, se ha mantenido firme en la lucha por sus objetivos y sueños. Por eso Stephen Hawking tiene gran autoridad para hablar de la tristeza.

Stephen Hawking nació en una familia que apreciaba profundamente el valor del conocimiento. Se padre era un prestigioso biólogo. Stephen fue el hijo mayor y tuvo además dos hermanas y un hermano adoptado. De niño fue un buen estudiante, pero nunca de los más brillantes. Terminó estudiando ciencias naturales en Oxford y se especializó en física.

 

 

 

A los 21 años, Stephen Hawking fue diagnosticado de esclerosis lateral amiotrófica o ELA. Una enfermedad degenerativa de tipo neuromuscular. Estaba a punto de casarse y los médicos no le dieron más de 2 o 3 años de vida. Vivió 76 años. A pesar de haber ido perdiendo cada vez más capacidades motrices.

Pese a todo, Hawking llevó una vida feliz y productiva. Recibió 24 galardones por su trabajo. Entre ellos, la Medalla Albert Einstein y el premio Príncipe de Asturias. Sus principales aportes a la física están relacionados con la conceptualización y descripción de los agujeros negros.

 

La vida no ha sido fácil para Stephen Hawking. Se vio obligado a nadar contra la corriente, debido a su enfermedad. Sin embargo, la progresiva pérdida de sus facultades no le impidió continuar con su trabajo, con su vida familiar y con su papel como gran faro en el mundo científico y humano. Siempre se le vio feliz.

 

 

En su conferencia de 2016 se dirigió particularmente a las personas que se encuentran deprimidas. Haciendo un símil con la física, este científico dijo:

 

El mensaje de esta charla es que los agujeros negros no son tan negros como los pintan. No son prisiones eternas como alguna vez se pensó. Las cosas pueden salirse de un agujero negro desde ambos lados y posiblemente hacia otro universo. Entonces si te sientes en un agujero negro, no te rindas: hay una salida”.

 

Indudablemente estaba haciendo un llamado a la ESPERANZA. Sus palabras invitan a no rendirse porque siempre hay una salida. 

Stephen Hawking fue una prueba viviente de que lo importante no es lo que sucede, sino la actitud que se elige para afrontarlo.